La posibilidad

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La posibilidad

Mensaje por Gala_Lucifer's Angel el Miér Oct 02, 2013 8:55 am

En una sala aislada del mundo, pero necesariamente en el mundo. Estaba, porque tenía que estar, porque era necesario que estuviera. No sabía si aquella era su prisión o si la prisión eran las paredes de su cráneo, ni siquiera sabía si aquello era real o hacía mucho tiempo que estaba soñando. Puede que sintiera sed, o frío, o puede que tan solo fueran pasatiempos en aquella sala tan pequeña, tan cerrada y suficiente.


No había nada en las paredes ni en el suelo ni en la única puerta, solo la contenía a ella y ella lo contenía todo, o eso creía, tampoco sabía si eso era otro sueño. Porque soñaba mucho, soñaba cuando dormía, soñaba cuando velaba... soñaba. Y pensaba. Y a veces se pegaba contra las paredes, no sabía de qué jaula. Los días pasaban y siquiera se podía ver en un espejo. Había olvidado cómo era, pero no importaba. Nada importaba porque todo había dejado de importar.

-Cuéntame ¿cómo es el mundo fuera?

+Se me acaban las palabras para describirlo.

-Siempre hay palabras suficientes, o te las puedes inventar.

+El cielo cada vez es más plomizo, sobre todo en las ciudades, denso, pesado, asfixiante. Nunca ha pesado tanto sobre nosotros. Y hay polvo, por todas partes, también en los campos, donde los trigales se quiebran con el mero contacto del aire, se deshacen al tacto. La dehesa se cercó, dejó de ser libre, y el suelo, cuadriculado, perdió su vida en mano de los hombres. El agua ya no es insípida, sabe a cloro o, si tienes suerte, a barro. Los coches siguen yendo y viniendo con prisa, y las personas van y vienen de este trabajo al otro, meditabundos, sin mirar a nadie por la calle... ya no les preocupa no chocarse por las aceras, ahora les preocupa no mirarse a los ojos. Las avenidas están llenas de escaparates y los cristales siempre están muy limpios, a pesar del polvo. La gente entra, compra, y parece un poco más feliz, como si hubieran olvidado algo que les impedía no pensar.
Creo que los niños nacen tristes, apostaría a que ya ni necesitan una torta en el culo para llorar. Deberían llorar los adultos por sus hijos, pero la realidad es que no lloran, porque no saben que hay un motivo por el cual llorar. Los niños corren como antes, y juegan, pero lo hacen dentro de sus ordenadores y, aunque lo hicieran fuera, tampoco habría sol que bañara sus cabellos rubios. Las madres los cuidan, los alimentan bien con comida sintética, los llevan al colegio, a que los eduquen por ellas, y creen que hacen bien, incluso se pelean por los mejores centros... todos estudian y llegarán a ser algo, o al menos así era antes, pero la realidad es que viven igual que siempre, eso no ha cambiado. Siguen madrugando para ir a trabajar un día tras otro, gastando el poco dinero que tienen en el poco ocio que les dejan. Y leen, leen películas y ven libros. Todo está del revés, ya lo sabes.

En las ciudades hay demasiadas personas, hace mucho calor y salir por la puerta de casa agobia. Los edificios son ya demasiado altos, los coches demasiado numerosos, los autobuses demasiado destartalados y el metro no hay quien lo pise. Todo es demasiado caro y solo la precariedad es barata. El alquitrán de las autovías hierve, las carreteras discurren por páramos irreconocibles, los postes de la luz se suceden como siempre, en línea, rompiendo el paisaje, pero ahora son muchos más. Hay más postes que árboles. Pero en las ciudades sigue habiendo parques, sin columpios, porque los niños ya no los usan; y sigue habiendo librerías, aunque ya no haya libros; y sigue habiendo teatros, aunque no haya representaciones, pero puedes seguir yendo al cine.
Todo sigue cambiando muy rápido, pero la gente parece no darse cuenta, inmersa en sus vidas, pagando sus vidas, incluso sus muertes, todo se paga ya por adelantado. Pagar. Algo que no cambia, y que nadie olvida. Porque las personas parecen haberse olvidado de todo lo importante, tan solo trabajan y pagan, y se creen que viven... y creen que eso es la vida, que el mundo decrépito, sucio y gris que les rodea es su mundo, el de siempre, el que lleva girando tantos millones de años... pero no es así ¿verdad?

Cuéntame... ¿cómo era el mundo antes?, ¿cómo era el mundo antes de que la vida muriese?

-El mundo... el mundo era vida. Las cosas giraban, nacían, crecían y se morían en ciclos interminables. Las personas también giraban, las vidas se plegaban unas sobre otras y en su individualidad creaban la historia, creaban la vida, a su paso creaban el arte.

Los campos eran interminables, se extendían hasta donde alcanzaba la vista, igual que el océano. Los bosques, con sus árboles, con sus animales, con su color peregrinaban al lado de las carreteras, que serpenteaban entre montañas. Las estaciones se sucedían una tras otra en perfecta armonía de vida y muerte. El agua corría brava por los ríos, penetraba al mar con fuerza y se perdía en el azul inacabable del cielo y de las otras miles de millones de gotas de agua. Todo era un ciclo perfecto, ese agua ascendería a las nubes y se volvería a precipitar, y volvería a recorrer los ríos, tal vez uno diferente, tal vez desembocara en un océano y no en un pequeñito mar, quién sabe, o tal vez acabaría en la cabeza de algún niño que jugaba en el barro bajo la llovizna a pesar de los gritos de su madre para que no lo hiciera.

La gente trabajaba, igual que ahora, pero de otra forma, la gente trabajaba al igual que los animales cazan. Y las madres contaban cuentos a sus hijos antes de dormir, los padres les enseñaban a pescar, y les compraban libros, y los llevaban al teatro y a musicales. Cuando leían libros, eran libros, y cuando veían películas eran películas, y el teatro les apasionaba, porque era algo majestuoso, magnífico, porque era la vida ante sus ojos, representada para ellos en exclusiva. Había gente que estudiaba, gente que trabajaba, y gente que divagaba, y todos eran iguales, todos eran necesarios.

Había coches, claro, y edificios, pero también había pueblos y había masías y majadas; había autovías y autopistas, pero también carreteras, veredas, senderos y caminos. Las gentes araban el campo y atendían al ganado, todo se sostenía por sí mismo, en paz, en armonía, la misma paz y armonía que pintaba Goya en sus cuadros o Sorolla. Los artistas intentaban capturar la belleza con sus pinceles y plumas, escribían versos y pintaban lienzos y bailaban por todo el mundo, tocaban sonatas, cantaban canciones... y todo ello llenaba de fuerza y de sueños los corazones de los hombres.

Todo se sostenía a sí mismo, los hombres tenían sus miedos y sus esperanzas, sus sueños y desvelos, gozaban de la felicidad y de la tristeza. También tenían preocupaciones, como siempre, y preguntas, muchas preguntas, el ser humano nunca ha dejado de preguntar desde que es ser humano... a veces se inventaban fantásticas historias para responder esas preguntas que les avasallaban desde todos los rincones de su ser, otras veces se inventaban dioses y, otras, daban un paso más hacia el futuro. El ser humano siempre ha sido así, aunque no lo creas, creativo, ingenioso, inquieto... eso es lo que más apreciaba de la gente que me rodeaba, que ante un problema se inventaba una solución, por rocambolesca o increíble que fuera, tan solo con el propósito de ayudarte. Y el sentimiento... el sentimiento de un ser humano era lo más poderoso de la tierra, por grandes y puros sentimientos se han hecho cosas igualmente grandes, se han escrito obras perfectas, se ha pintado la vida y la muerte... Por sentimientos demasiado grandes pudimos estar mejor, pero decidimos lo contrario.

+No creo que solo el miedo, el odio, la ira... las malas ideas, sean lo que lo han destruido todo.

-No... tienes razón. Fue la Voluntad del hombre, quebrada por cientos de años de asedio. Dejó de agacharse, arrodillarse, postrarse una y otra vez, para al fin romperse en mil añicos.

+Me dijiste que la Voluntad... era una de las cosas más fuertes del ser humano.

-Hasta la fortaleza más fuerte, firme e inexpugnable tarde o temprano cae, si su sitio aguanta lo suficiente.

+Quiero sentir todo eso... la vida, la muerte, sentir que pertenezco a algo más grande, que soy necesaria, que tengo fuerza. Quiero ser capaz de pintar la belleza, porque pueda ver la belleza a mi alrededor, quiero ser capaz de contestar todo lo que me pregunte el universo. Sentir la vida como tu la sientes a pesar de estar aquí encerrada...

-Tu voluntad no está quebrada. Si quieres sentir, tan solo tienes que sentir, aunque todo a tu alrededor esté muerto, marchito o yermo. Porque eso es la belleza. Siente lo que está a tu alrededor por pérfido que sea, retrátalo, píntalo, cuéntalo... tu mirada es valiosa.

+Tu mundo... es tan diferente del mío

-Puedes visitarlo siempre que quieras, está en mi cabeza.

+No lo olvides. Si lo olvidas, la posibilidad morirá.

-La posibilidad no muere, porque siempre habrá alguien que pregunte.
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